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Artículo de opinión

Cuando las izquierdas nos alcancen

Javier González

Nuevamente, bajo la vitalidad de la historia y a través de su vaivén cíclico debatible, minimizado pero advertido y cuantificable, los sucesos que actualmente se expresan en el ámbito geopolítico de la llamada liberación social contemporánea de la clase no privilegiada (los desposeídos) trascenderán en movimientos fundamentales para el futuro de nuestro país y de algunos países sudamericanos, donde los grupos de poder deberán a tiempo redefinir su ideología y prepararse para las transformaciones del primer cuarto del siglo XXI en su más gloriosa, merecida y justa ambición: la lucha contra las desigualdades.
            La izquierda y su narración mediática como conglomerado de acciones progresistas, muchas veces estereotipadas como socialistas, radicales, insurgentes, reformadoras -y para un caso muy especial- inevitables, naturales, en confrontación con el poder hegemónico de la derecha, sea entendida como el uso incesante de la capitalización de los bienes humanos y sociales, o como el uso de una ala de la fuerza religiosa, militar, o del bastión concentrador de la riqueza para el mantenimiento y el control de las vitalidades humanas, protagonizarán en los próximos años un escenario efervescente donde la redefinición política será para muchos el lugar común, pero para los pocos será el punto de dirección ideológica estratégica rumbo al año 2012. Pero pocos advertirán que en el primer cuarto de este siglo algunos acontecimientos sociales apuntarán a una nueva configuración política, es decir, hacia una izquierda-social mexicana, aunque el tránsito para llegar a ella no albergue totalmente los actos más democráticos y pacíficos deseables. En todo caso, surgirá desde la violencia gubernamental misma.
            Sin embargo, pese al gran interés por visualizar el terreno social y político de ese futuro próximo, corresponde en este momento definir antes que nada sus posibles generadores, aunque los rasgos de sus dinámicas no evidencien un arraigo profundo hacia las causas más nobles, sino inicialmente se encumbren en poner un freno inicial a la avanzada voraz ultraconservadora del sector de derecha e instaurar un nuevo control en las actividades fiscales y de regulación financiera de los principales nichos de poder capitalista. Del éxito o fracaso de esta actividad se desarrollarán nuevas vertientes políticas y sociales que buscarán hacer eco en sus consignas y principios. En pocas palabras, las condiciones para el proceso de emancipación colonialista y el establecimiento de nuevos poderes reivindicativos estarán encadenadas por un interminable y desgastante trayecto de transición política desde una democracia ideal hacia una democracia real global aún en construcción y en estado latente de escisión ideología regional, lo que provocará choques sistemáticos y parcelarizados para lograr una próxima homogeneización del estado de control social.
Con el triunfo de la izquierda "moderada" en el congreso de Francia, con la mayoría establecida como el frente socialista de la cámara alta del máximo poder legislativo en el país de la luces, se establece un proceso histórico desde la instauración de la quinta república en esa nación. El evento es visto como un signo de cambio político, como un llamado al establecimiento de nuevas decisiones que sacudirán el clima local, todo ello para negociar las posiciones políticas a sólo siete meses de las elecciones presidenciales de esa nación. Sin embargo, la lectura que nos invita hoy a la reflexión se instaura en un reflejo histórico, cuando Francia legó a México en el seno de una emancipación hegemónica el encuentro con las ideas de la liberación y el sentido de un devenir igualitario, aunque hoy ese discurso esté sujeto a una minuciosa y agitada evaluación por una sociedad que ha vivido y atestiguado que los grandes cambios radicales en un país han sido promovidos por grupos privilegiados que se encargaron de instaurar nuevos poderes y nuevas formas de control social. Ahora, en el contexto de la globalización, nos corresponde esperar la ola expansiva de la disputa por los bienes y prebendas mundiales que generen las decisiones multinacionales de los poderes comerciales y económicos, anidados en los países con fuertes pugnas ideológicas y sociales.
Frente al debacle económico de Estados Unidos de 2008 y ante el escenario internacional de las recuperaciones sociales en distintos países socavados por gobiernos imperialistas, la intervención de la dinámica global en la defensa de los derechos humanos, el libre mercado internacional, la lucha por los recursos naturales, el inminente golpe de la naturaleza –el cambio climático-, serán los temas por lo cuales se vigilará el actuar de la "izquierda artificial preelectoral" instalada en el Congreso de Washington. Ahí las tribus más radicales del partido demócrata buscarán afanosamente mantener el poder a través de la incorporación de mecanismos económicos que tiendan a que la clase privilegiada (millonarios, ricos, hacendados, hombres que guardan y protegen capitales, convenios, contratos, secretos; todos ellos signos ligados al poder) acepten someterse a la entrega fiscalizada de bienes acumulados para garantizar en un corto plazo el sostenimiento del modo de vida social estadounidense, puesto que el área de confort se defiende por ambos partidos con un alto costo político.
La territorialización, la procuración del futuro, el control expansionista de la cultura seguirá siendo parte de esa gran presión económica implantada en el capitalismo unidireccional, por medio del neoliberalismo y el financierismo especulativo, que tarde o temprano buscará nuevas raíces, aunque se juegue su validez en el contexto geopolítico como una ideología que está cada vez más lejos de interesarse por la igualdad y el respeto a la soberanía de los demás países.
Por otra parte, sigilosa y estratégica, a cuenta gotas y oculta por los medios de derecha, la empresa socialista de centro izquierda y el movimiento de izquierda socialista de los países del cono sur (a través de la criticada y atacada Unasur, o con el Mercosur por ejempo) -naciones como Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, algunas como integrantes y pocas de ellas con el compromiso emancipatorio- crean las bases de la primera avanzada latinoamericana de cambio político y con notables beneficios para aquellos países que tengan los recursos sociales, ideológicos, políticos y culturales para el perfeccionamiento de su democracia.
La recepción de los primeras transformaciones se desarrollarán paulatinamente conforme a la capacidad que tengan los países de desarticular sus redes de control ultraconservador y financierista global, y que tomen el riesgo de sumarse a proyectos políticos que, ya sea en el plano económico o cultural, puedan transmitir dinámicas de beneficio social y repeler los mecanismos de domimino político-económico centralista y privatizador al servicio de grupos selectos y ajenos a las causas justas o de justicia social, que en el caso latinoamericano, es una lucha que históricamente ha prevalecido desde que se debilitaron los caminos del desarrollo industrial, lo que provocó que su desigualdad dependiera de la decisión de gobiernos coloniales y totalitarios, hoy trasmutados bajo poderes fácticos.
En esta transformación social de izquierda sudamericana hay al menos tres casos ejemplares -pues no todos asumen el mismo proyecto-: Argentina, Brasil y Venezuela y que conforman el bloque de cambio alternativo, con un proyecto mayormente acabado, definido y con resultados óptimos en materia de desarrollo social y crecimiento económico en comparación con países ligados a economías y políticas dominantes, cuyos convenios bilaterales prometían un desarrollo integral para la protección de las minorías. Cada uno de estos tres países a su vez, bajo el mismo proyecto de la integración y el control de una economía distributiva y de corte capitalista, cuenta con un esquema político-social funcional a partir del primer eje de impulso, la de mayor conflicto geopolítico: la redistribución de la riqueza. Además de este, existen otros modelos que cada una de estas naciones está desarrollando a través de la recuperación paulatina de instrumentos, sectores y áreas económicas y culturales totalmente enajenadas por la fracción privatizadora de la ultraderecha que apoya y sostiene la hegemonía de los países imperialistas.
La izquierda cultural hegemónica de China y Rusia, bajo el esquema de expansión comercial y militar, marcarán nuevamente una posición de conflicto frente a países que obedezcan al sistema de control mundial que usan la especulación económica. Esto fomentará un nuevo reacomodo de poderes políticos con la finalidad de lograr temporalmente la pacificación armamentista e instaurar una plataforma democrática mundial que señale y castigue la promoción de falso paradigmas globales que defiendan valores sociales y humanos a partir de la expresión publicitaria y mercantilista de la armonía y del buen vivir, ideas que someten al grueso de la población global a nuevas ataduras y condiciones de deshumanización y esclavitud por medio del mecanismo de competencia sin ética. Esto obligará a que los bloques ideológicos ultrafinancieristas planteen conformar una nueva resistencia desvinculada de los procesos democráticos o a sostener institucionalmente antiguos mecanismos de control que contrario a la elimininación de las injusticias se reproducirán amplificando las inequidades; esto golpeará a las naciones mayoritariamente importadoras de bienes industrializados y de servicios financieros. China, sobre todo, está preparada para contrarrestar esta oleada macroeconómica: su sistema capitalsocialista ha creado un frente económico cada vez más fuerte en el esquema de mercado. Esto provocará que su modelo se articule con la participación de nuevos países aliados.
En este impulso global de cambios y de reacomodo de poderes, México no tendrá más alternativa que sumarse parcial o veladamente a este proceso multilateral si es que las causas directas de su transformación están basadas en el desmantelamiento de estructuras desgastadas por sectores que ahora son áreas paraestatales y heterogéneas, cobijadas por la corrupción, la delincuencia o el poder acucioso de una clase política fuertemente privilegiada. Si la transición es indirecta, es decir, si las cúpulas políticas de nuestro país no llevan a cabo una metodología de transición a tiempo –que ya debería existir, es posible que la dirección del cambio se haga por la vía del control social, obligando a los poderes a renegociar poderes y posiciones anquilosadas, así como a revitalizar estructuras históricas del estado nacional democrático, cuya primera fuerza será la alianza política por el cambio, o al menos así será expresado mediáticamente.
Otra posible interpretación del proceso que hoy se vive es que una vez configurado el montaje de elección en 2012 se detonen algunos movimientos internacionales que empujen o activen definitivamente acciones ya en marcha, pero explicar aquello requerirá revisar otras hipótesis a partir del paralelismo con los movimientos sociales que marcaron el establecimiento del PRI en México y el estado democrático en Latinoamérica.
Para que en México se viva una verdadera democracia debemos hallar el sentido de su expresividad en las bases de la dimensión histórica que define el concepto de igualdad, pues una sociedad que ya no vive con las condiciones mínimas para su reproducción cultural y que no goza de sus actividades colectivas culturales en bienestar tarde o temprano reclamará los derechos elementales de esa vida social heredada por el discurso político de la cohesión. La ausencia de lo vital humano y vital simbólico generarán las circunstancias sociales necesarias para que su sociedad se haga más consciente del despojo a la que esta sometida así como del lugar que se le excluye como cuerpo biológico en estrecha relación con la naturaleza.

28 de septiembre de 2011